Pobre cieguito, piensas,
cuando lo ves palpando la calle con su bastón
de aluminio, sus lentes oscuros y su latita
en la mano, guiado invariablemente por un
lazarillo con cara de sobrino sufrido. Pobre
cieguito, piensas, y le calzas un sol o
unos roñosos veinte centavos en su
lata, cierras la ventana y arrancas nomás.
Por: Luis Freire Sarria
Lo que no sabes, lo que no
sabemos, es que detrás del pobre
cieguito con su lazarillo con cara de sobrino
sufrido, hay un joven empresario exitoso
y triunfador, un tigre de los negocios que
debería dar clases en la universidad
San Ignacio y en la de Lima y en la del
Pacífico y en la mismísima
Harvard University, a donde dice Toledo
que fue a estudiar, cuando en realidad merecía
que lo estudiaran.
Yo vi a ese genio del libre mercado repartiendo
cieguitos con bastón, lata y sobrino
sufrido en una combi (de segunda mano y
petrolera), los depositaba de uno en uno
en cada semáforo de la Comandante
Espinar y luego por otros puntos de San
Isidro.
Obviamente, la lata, el
bastón, los lentes oscuros y el sobrino
sufrido eran instrumentos de trabajo, proporcionados
y luego arrebatados a los pobres cieguitos
por esta hiena de los negocios, conjuntamente
con el íntegro de las limosnas recibidas,
cuando los recogía a golpe de once
de la noche en la misma combi, para guardarlos
como gallinas ponedoras en un galpón,
donde les daba cama y una comida a cambio
de su trabajo. ¿Sueldo? Cuando vean.
Chamba es chamba y cómo dicen que
no hay trabajo en este país.
Eso sí, cuidado
con curarse nomás, porque son calle
al toque. Fuera Santa Rosa, fuera San Martín,
fuera sobre todo Juan Pablo II, no se les
ocurra hacerle un milagrito a estos ciegos
porque se quedan sin chamba y el empresario
sin empresa.
No eran los únicos.
Un ratito después, aparecía
otra combi igualmente blanca, del mismo
empresario, repartiendo madres adolescentes
con niño con SIDA sobre el hombro,
a madre por semáforo. Eso se llama
monopolio, posición dominante en
el mercado y atenta contra la libre competencia.
El Estado debería
intervenir en este caso, para permitir que
otras empresas pongan sus propios pobres
cieguitos, sus niños malabaristas
y otros trabajadores en los semáforos,
porque así como hay trabajadoras
del hogar, también hay trabajadores
de la mendicidad.
También debería
ser obligatorio que los pobres cieguitos
lleven uniforme, uniforme con su logotipo
en el pecho, para que los caritativos sepan
si el pobre cieguito es un pobre cieguito
de una empresa de confianza y no un pobre
cieguito bamba, un informal. Hasta publicidad
deberían hacer: “Pobres Cieguitos
“La Mano Tibia SRL”, su limosna bien aprovechada”.
No faltan las estrategias
de la competencia para desacreditar a esta
empresa, como la de poner un falso pobre
cieguito para que en plena hora punta se
saque los lentes negros y se ponga a leer
su diario chicha frente a todo el mundo.
Maniobras ilegales como esa habría
que denunciarlas al INDECOPI.
No estaría mal proponer
a ese león de los negocios para el
premio a la creatividad empresarial.
Fuente consultada:
http://www.terra.com.pe/noticias/columnista/20/20441.html
http://www.terra.com.pe/noticias/columnista/16/16524.html