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CIEGUITOS S.R.L. (Un artículo de Economía)14/04/2005

 

Pobre cieguito, piensas, cuando lo ves palpando la calle con su bastón de aluminio, sus lentes oscuros y su latita en la mano, guiado invariablemente por un lazarillo con cara de sobrino sufrido. Pobre cieguito, piensas, y le calzas un sol o unos roñosos veinte centavos en su lata, cierras la ventana y arrancas nomás.

Por: Luis Freire Sarria

Lo que no sabes, lo que no sabemos, es que detrás del pobre cieguito con su lazarillo con cara de sobrino sufrido, hay un joven empresario exitoso y triunfador, un tigre de los negocios que debería dar clases en la universidad San Ignacio y en la de Lima y en la del Pacífico y en la mismísima Harvard University, a donde dice Toledo que fue a estudiar, cuando en realidad merecía que lo estudiaran.
Yo vi a ese genio del libre mercado repartiendo cieguitos con bastón, lata y sobrino sufrido en una combi (de segunda mano y petrolera), los depositaba de uno en uno en cada semáforo de la Comandante Espinar y luego por otros puntos de San Isidro.

Obviamente, la lata, el bastón, los lentes oscuros y el sobrino sufrido eran instrumentos de trabajo, proporcionados y luego arrebatados a los pobres cieguitos por esta hiena de los negocios, conjuntamente con el íntegro de las limosnas recibidas, cuando los recogía a golpe de once de la noche en la misma combi, para guardarlos como gallinas ponedoras en un galpón, donde les daba cama y una comida a cambio de su trabajo. ¿Sueldo? Cuando vean. Chamba es chamba y cómo dicen que no hay trabajo en este país.

Eso sí, cuidado con curarse nomás, porque son calle al toque. Fuera Santa Rosa, fuera San Martín, fuera sobre todo Juan Pablo II, no se les ocurra hacerle un milagrito a estos ciegos porque se quedan sin chamba y el empresario sin empresa.

No eran los únicos. Un ratito después, aparecía otra combi igualmente blanca, del mismo empresario, repartiendo madres adolescentes con niño con SIDA sobre el hombro, a madre por semáforo. Eso se llama monopolio, posición dominante en el mercado y atenta contra la libre competencia.

El Estado debería intervenir en este caso, para permitir que otras empresas pongan sus propios pobres cieguitos, sus niños malabaristas y otros trabajadores en los semáforos, porque así como hay trabajadoras del hogar, también hay trabajadores de la mendicidad.

También debería ser obligatorio que los pobres cieguitos lleven uniforme, uniforme con su logotipo en el pecho, para que los caritativos sepan si el pobre cieguito es un pobre cieguito de una empresa de confianza y no un pobre cieguito bamba, un informal. Hasta publicidad deberían hacer: “Pobres Cieguitos “La Mano Tibia SRL”, su limosna bien aprovechada”.

No faltan las estrategias de la competencia para desacreditar a esta empresa, como la de poner un falso pobre cieguito para que en plena hora punta se saque los lentes negros y se ponga a leer su diario chicha frente a todo el mundo. Maniobras ilegales como esa habría que denunciarlas al INDECOPI.

No estaría mal proponer a ese león de los negocios para el premio a la creatividad empresarial.

 

 

Fuente consultada:

http://www.terra.com.pe/noticias/columnista/20/20441.html
http://www.terra.com.pe/noticias/columnista/16/16524.html


    
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